En Chile se le perdió el respeto al Sida

There are several Replica Roex websites that are dedicated specifically to the online sale of quality replicas, perfectly assuming the nature of the products and offering all the technical support. To find out which ones you can trust, see for example the Replica Gucci Handbags Reviews, which analyzes and ranks top replica watches sellers.Still, Replica Christian Dior Handbagswe emphasize that we do not recommend the conscious acquisition of a replica in any way. A copy never replaces the original, and even if you think you can fool others, you’re really only fooling yourself. If you want a top watch and you do not have the conditions to get it, it is always best to start your collection with an authentic Replica Watches of a lower brand but still of Replica Roex Watches the highest quality.

En Chile se le perdió el respeto al Sida

Según el último informe de Onusida, entre 2010 y 2016 los nuevos contagiados crecieron 34%. Foto: Google

Ignacio tiene 28 años y desde niño solo recibió formación cristiana: su familia es del Opus Dei, por un lado, y, por otro, schoenstattiana. Por eso cree que, cuando se enteraron de que tenía VIH, reaccionaron como lo hicieron: su papá ya lo había molido a palos varias veces por ser gay, así que no le contó; su mamá se cuidaba de no hacerle tanto cariño, de tener una loza especial para él apartada en la casa. Hubo parte de su familia que jamás se enteró, aunque ya vive hace cinco años con el virus. Pero lo peor fue descubrir cómo lo adquirió.

Su pareja por cerca de tres años jamás le dijo que vivía con el virus, hasta que un día Ignacio despertó con vómitos persistentes.

“Me hicieron un examen de sangre y supe que tenía Hepatitis B. Otro médico me dijo que casi estaba para trasplante, pero que tenía cero posibilidades porque un cola no era prioridad. Ahí solo me recomendó que hiciera de tripas corazón y empezara a cerrar todos los ciclos que pudiera porque me podía morir”, recuerda.

Fue entonces cuando Ignacio, que había abandonado el departamento que compartía con su pareja, se acercó a hablar con él.

“Aparte de esto, ¿qué más me pegaste?, ¿tienes algo más?", le gritó con rabia a su pareja, que le contestó con una risa nerviosa:

–Tengo Sida.

–¿Hace cuánto? ¿Dos años?

–No.

–¿Hace tres?

–Hace muchos más.

Pasaron pocos días. Una tarde de noviembre de 2012, Ignacio recibió el llamado del laboratorio para confirmarle lo que él también sabía. Su pareja lo había contagiado con VIH.

Sin miedo a enfermar

Ignacio cree que su contagio es el ejemplo de una actitud generalizada frente al virus. “Hay mucha gente a la que le da lo mismo estar enferma, porque es una generación que creció sabiendo que ya no te mueres por tener Sida si la enfermedad está controlada. Es una enfermedad crónica y con tratamiento a la mano”, cuenta Ignacio, intentando explicar la indolencia que existe en su ex pareja y también en muchas de las personas a las que conoce.

“Cómo le dices que se cuiden del Sida a personas que no le tienen miedo”, plantea.

Él ha escuchado decir a sus amigos que ya no se quieren tomar la terapia porque “se les pone la piel fea o les da vómitos o se sienten raros”, comenta. “Y eso hace que el virus sea más agresivo”, agrega.

Según el último informe de Onusida, entre 2010 y 2016 los nuevos contagiados crecieron 34%; la cifra más alta de la región. La mayor parte de los casos se concentra en la población homosexual y, pese a que Chile tiene un gasto sostenido en terapias, algo sucede que el país se ha convertido en un buen dispensador de terapias, pero no efectivo a la hora de la prevención.

Fuente: Mostrador